Estando ya en las proximidades del 2015, y en los últimos espasmos del 2014, les recomiendo las siguientes conferencias del Padre Alfredo Saenz S. J.
Estas tratan sobre la herejía arriana, y el mantenimiento de la ortodoxia católica, por parte de grandes santos, como son, San Atanasio de Alejandría, o San Hilario de Poitiers.
La crisis que en la Iglesia generó el arrianismo, podría perfectamente compararse con la crisis que la herejía modernista produjo tras el Concilio Vaticano II. Tanto el arrianismo como el modernismo, corrompen a la Iglesia desde dentro, representa claramente al Anticristo.
Parte 1: https://m.youtube.com/watch?v=XY78W7MmJUQ
Parte 2: https://m.youtube.com/watch?v=mOKcH668F9M
sábado, 27 de diciembre de 2014
sábado, 8 de noviembre de 2014
¿Qué debe hacer un tradicionalista ante el mundo moderno?
¿Qué debe hacer un tradicionalista ante el mundo moderno?
Esta pregunta se la hacen muchos, pero quizá no saben sacarle una respuesta definitiva a la cuestión.
Hoy, los tradicionalistas, vivimos rodeados de todo tipo de agasajos, lisonjeos y francachelas, que la modernidad ofrece a quienes deciden convertirse en sus esclavos, parciales o totales.
Por ejemplo, para mí personalmente, no tiene sentido que un tradicionalista, que se dice guardador de las mas sanas costumbres que otrora se observaron en la sociedad, esté dispuesto a aceptar los cánones de los nuevos medios de comunicación, véase televisión o internet. Es cierto que estos medios, si se usan correctamente, no son perjudiciales para la moral, por eso S. S. Pio XII, en su encíclica "Miranda Prorsus", decía que: "Los fieles, que conocen el inestimable don de la Redención, deben desplegar todo esfuerzo para que la Iglesia pueda valerse de los inventos técnicos y usarlos para la santificación de las almas."
Y en efecto, si la televisión y internet se usan para la santificación de las almas y para todo lo que esto envuelve, es laudable su servicio. Pero si los medios de comunicación, solo sirven pada dar rienda suelta a la inmoralidad mas absoluta, a la desinformación por principio, y a la vulgaridad por su propia imagen, son del todo despreciables para un auténtico católico.
Por otra parte existe la llamada "sociedad de consumo", en la cuál las personas encuentran todo lo que les es necesario y lo que no, con solo acercarse a un centro comercial. Pero, echemos la vista atrás, y meditemos, ¿acaso en los siglos pasados, una familia católica tenía que depender en su totalidad de un abastecimiento público de recursos comestibles? Si esto hubiese sido así, ¿para qué se inventaron las huertas o plantaciones familiares? ¿Por qué debemos depender de la nefasta ley de la oferta y la demanda? Es bien sabido que en el pasado, cualquier familia católica, se proveía de los recursos materiales básicos, pero, ¿de dónde lo hacía? Sin duda que de el monopolio comercial impuesto por el capitalismo, no. Y ¿por qué esto? Estas personas, sabían que si daban su dinero (si lo tenian), a un burgues comercial, lo más seguro, es que éste lo aprovechara para tareas o empresas, que no son acorde con la doctrina católica. Y en efecto, pensemos esto, ¿adonde va a parar el dinero que nosotros gastamos dia a dia en un centro comercial? Se ha comprobado, que hay empresas de este sector del comercio, que promocionan y financian conductas tan reprochables para un católico, como puede ser el aborto, el homosexualismo militante, o la simple blasfemia o ataque contra la Iglesia.
Siendo esto así, debemos hacernos la pregunta, ¿hasta cuándo nosotros seguiremos dependiendo totalmente, de los productos de un centro comercial? ¿Acaso no sería más conveniente y acorde con nuestra religión, el solo adquirir comestibles básicos? ¿Acaso no sería más idóneo el volver al consumo de productos, de huerta familiar?
Decía un intelectual colombiano, Nicolás Gómez Dávila, que: "La urbe moderna no es una ciudad, es una enfermedad." ¿Quién no está de acuerdo con esta afirmación? Porque, al menos, un católico que como tal se precie, debería reflexionar en serio sobre las anteriores palabras. Y, ¿qué le hace pensar a Gómez Dávila que la urbe moderna sea una enfermedad? Yo, no puedo saber a ciencia cierta que fue lo que le llevó a escribir estas palabras, pero hay algo que si sé , ¿es aceptable para un católico, que se vean a diario por las calles, conductas tan inmorales como la blasfemia, la lujuria, la vanagloria de el tecnicismo o simplemente, el ruido? ¿Que pueden significar para un católico los anteriores atentados contra la fe y la moral? ¿Por qué los católicos, aguantamos esto, permaneciendo en las ciudades? ¿No sería mas conveniente, el aislarnos de el mundo, para no tener que sufrir con esto? Sin duda que existen tradicionalistas que parecen contentos con el mundo, ya que aceptan esto, sin proponer ninguna alternativa a esta problemática, que yo tildaría de demoniaca.
De nuevo citamos a S.S. Pio XII : "La sociedad habla por así decir por el traje que ella lleva; por la vestimenta ella revela sus aspiraciones secretas y ella se sirve de los trajes, al menos en parte, para edificar o destruir su porvenir."
Pues bien, si lo que afirma Pio XII es cierto, ¿que porvenir le espera a una sociedad en la que las mujeres y los hombres se visten casi de igual modo? ¿Que futuro le espera a la modestia cristiana, si es que aún existe? ¿Que tiene que edificar esta sociedad igualitarista, sino la ciudad de Satanás? Es vergonzoso ver a personas que se dicen católicas o tradicionalistas, y visten como marca la dictadura de las modas. Resulta decepcionante ver a las damas católicas (si aún existen), vistiendo ropa propia de rameras, llevando esto a la pérdida de la modestia, y si mas cabe, un ataque a la castidad (pecado mortal). Y en los varones que se dicen católicos, parece apreciarse su desprecio por el buen vestir, propio de la elegancia cristiana, y en cambio estos, aceptan para sí modas inspiradas en esta corriente que se ha venido en llamar "hippie". Y para esta degradación de las vestiduras, se pone como excusa la comodidad. Pero parece ser que la comodidad desemboca en la propia deshonestidad, y atenta contra la búsqueda de la perfección cristiana.
El profesor e intelectual católico brasileño, Plinio Correa de Oliveira, decía lo siguiente:
"Los sonidos de las inmensas babeles modernas, el ruido de las máquinas, el tropel y las voces de los hombres que se afanan en pos del oro y de los placeres – de estos hombres que ya no saben andar sino correr; que no saben trabajar sin extenuarse, que no consiguen dormir sin calmantes, ni divertirse sin excitantes; cuya carcajada es un rictus frenético y triste; que ya no saben apreciar las armonías de la verdadera música, sino sólo las cacofonías del jazz; todo esto es la excitación en el desorden de una sociedad que sólo encontrará la verdadera paz cuando haya encontrado al verdadero Dios."
Las anteriores palabras de Correa de Oliveira, parecen resumir lo dicho por mí hasta ahora, pero parece que se me escapa algo. Y es el gusto por la música, por la buena música. ¿Y esque acaso, la música, no juega un papel similar a la forma de vestir, para saber definir las características propias de la moral de una sociedad? Los hechos, parecen darme la razón. Cuanto mas parece desviado el gusto por la buena música, más se inmoralizan los comportamientos humanos.
Y bien, si vemos que en la actualidad, se consolidan todas las problemáticas, que precedentemente he descrito, ¿por qué no hacemos ya algo? ¿Por qué no dejamos de estar bien con el mundo moderno y empezamos a reconstruir la sociedad cristiana? ¿Por qué no damos el espaldarazo final a esta sociedad degenerada?
En mi opinión, se debe empezar a hacer algo, se debe empezar a crear un exilio de la modernidad, que permita volver a reconstruir la sociedad cristiana, sin influencia ninguna de el mundo moderno.
Se debe empezar por crear una atmósfera de catolicidad, solventando los dilemas sórdidos, a los que anteriormente me referí.
Hay que volver a retomar hábitos tan sanos como, la decencia en público, la modestia en el vestir y el gusto por la buena música.
Es imposible volver a la sociedad cristiana, estando mezclados con el influjo de la modernidad. Es cosa utópica alcanzar la perfección, si seguimos ligados al vicio.
viernes, 10 de octubre de 2014
Sobre la legitimidad de ejercicio.
En las entradas anteriores, tocábamos el argumento relacionado a la legitimidad de origen ( llamada por Santo Tomás, de adquisición), una de las dos legitimidades necesarias, que debe poseer el príncipe que quiera probar sus derechos al Trono de las Españas. En esta entrada trataré de disertar sobre la legitimidad de ejercicio ( también llamada por Santo Tomás, de administración).
Como señala Fernando Polo, en su obra "¿Quién es el Rey?", el término "legitimidad de ejercicio"
no debe ser el que se utilice en este caso y mas bien se emplee el de "legitimidad en el ejercicio" para referirnos a la licitud en su manera de gobernar, ya que el monarca gobernará bien, es decir ejercerá bien su misión, si se adecua a lo que el pueblo le demanda y Dios y el derecho positivo le permiten. Esto nos recuerda a aquella frase de San Isidoro de Sevilla en la que nos dice; "Rex eris si recte facias, si non facias, non eris", lo que en castellano viene a ser; "rey serás si actúas rectamente, si no actúas así, no lo serás". Por lo cuál, el término "legitimidad de ejercicio" solo nos viene a afirmar que el ejercicio de el poder real es legítimo, por consiguiente, aquí ya se nos presenta un error entre el ejercicio legítimo del poder real y la licitud en la manera de gobernar de un monarca.
Veámos ahora un par de ejemplos en la historia, que ilustran lo que anteriormente expongo.
Entre 1863 y 1868, el segundo de los hijos de Carlos V, Juan III de Borbon, Conde Montizón, que había asumido la Corona tras la abdicación y muerte de su hermano mayor, Carlos VI, cae en causa de exclusión de sus derechos, malogrando su legitimidad de ejercicio y adoptando posturas liberales, ocasionando esto por ejemplo, el reconocimiento de la rama usurpadora, por parte de Don Juan. Esto hace que su "madrastra", la Reina Viuda María Teresa de Braganza, lanze un manifiesto a los carlistas, el 25 de Septiembre de 1864, declarando la ilegitimidad de Don Juan, y proclamando Rey a su hijo, el Príncipe Don Carlos. Un sector amplio del Carlismo, apoyó el manifiesto de la Infanta María Teresa, reconociendo como Rey legítimo a Carlos de Borbón y Austria-Este, primer hijo varón de Don Juan, como Carlos VII. Otro sector del Carlismo, encabezado por Ramón Cabrera, al igual que el Conde de Chambord, siguen reconociendo como rey a Don Juan, hasta que abdica en el Príncipe Don Carlos el 3 de Octubre de 1868.
Otro ejemplo de esto, bien conocido por los carlistas, es el caso del Príncipe Carlos Hugo de Borbón, quien en teoría debería haber sucedido a su padre el Rey Don Javier, pero al final las cirscunstancias no se dieron favorables, para que la sucesión transcurriera de manera usual.
A partir de los 60, se iniciaron una serie de sucesos, que llevarían a sostener por parte de Príncipe Carlos Hugo, posturas alejadas del ideario tradicional del carlismo. El Príncipe Carlos Hugo, sostiene que el carlismo, debe adoptar para los tiempos venideros, tesis y posiciones como por ejemplo son: el utópico "socialismo autogestionario", el laicismo y la libertad religiosa, el reconocimiento y colaboración con los usurpadores de la Corona, entre otras. Este hecho enfrenta a la Familia Real, de una parte están la Reina Doña Magdalena, el Infante Don Sixto Enrique y la Infanta Doña Francisca, que defienden la Tradición, y por otra Carlos Hugo y sus hermanas, María Teresa, María Cecilia y María de las Nieves, optan por transigir con la Revolución. Don Javier, convaleciente ya a estas alturas, es manejado de una manera mezquina por Carlos Hugo, obligándole este por ejemplo, a firmar documentos que suponían la destrucción del carlismo. En esta situación, Doña Magdalena y Don Sixto actúan como verdaderos próceres de la Comunión Tradicionalista. En 1976, Don Sixto lanza el Manifiesto de Irache, y a partir de este momento, se pone al frente de la Comunión.
Aquí ya es evidente la pérdida de legitimidad de ejercicio de Carlos Hugo, y su exclusión del orden sucesorio.
Otro parecer que debe quedar patente, es que, si un príncipe pierde su legitimidad de ejercicio, conserva de todas maneras su legitimidad de origen, excepto que se dé el siguiente caso: el príncipe que usurpe una dignidad o título que por derecho, no le corresponde, cae en la pérdida de la legitimidad de origen temporalmente. Esta pérdida de la legitimidad de origen, incurre en la exclusión de dicho príncipe y de sus descendientes del orden sucesorio. Su legitimidad de origen, solo puede recuperarse, sí reconoce solemne y verdaderamente al Rey legítimo. Así por ejemplo, los descendientes de la Infanta María Luisa Isabel (llamada por algunos Isabel II de España), han perdido tanto su legitimidad de origen como la de ejercicio, por causa de una usurpación continuada y reiterativa.
Visto esto, quedan obvias las siguientes afirmaciones;
- La legitimidad de origen es suprapersonal y dinástica, es decir, la legitimidad de origen no solo condiciona al príncipe, sino que también condiciona a sus descendientes.
- La legitimidad de ejercicio es propia y única del príncipe, no afecta en principio a sus descendientes.
Resuelta esta cuestión, debemos dejar claro para la posteridad, que la legitimidad de origen condiciona mucho más si cabe, que la legitimidad de ejercicio, ya que un príncipe que no tenga la de origen, obre como obre, nunca podrá autoafirmar su legitimidad, excepto si la rama legítima se ha extinguido por completo, o si dicha rama ha desistido definitivamente de sus derechos. La legitimidad de origen no es simplemente la genealogía de un príncipe, sino la reivindicación por títulos o dignidades reales, de sus derechos al trono.
Como diría Fernando Polo y Peyrolon: "La legitimidad de origen envuelve la presunción de la de ejercicio. Quien tiene títulos para ejercer el Poder gobernará bien, y mal quien carece de ellos".
Como señala Fernando Polo, en su obra "¿Quién es el Rey?", el término "legitimidad de ejercicio"
no debe ser el que se utilice en este caso y mas bien se emplee el de "legitimidad en el ejercicio" para referirnos a la licitud en su manera de gobernar, ya que el monarca gobernará bien, es decir ejercerá bien su misión, si se adecua a lo que el pueblo le demanda y Dios y el derecho positivo le permiten. Esto nos recuerda a aquella frase de San Isidoro de Sevilla en la que nos dice; "Rex eris si recte facias, si non facias, non eris", lo que en castellano viene a ser; "rey serás si actúas rectamente, si no actúas así, no lo serás". Por lo cuál, el término "legitimidad de ejercicio" solo nos viene a afirmar que el ejercicio de el poder real es legítimo, por consiguiente, aquí ya se nos presenta un error entre el ejercicio legítimo del poder real y la licitud en la manera de gobernar de un monarca.
Veámos ahora un par de ejemplos en la historia, que ilustran lo que anteriormente expongo.
Entre 1863 y 1868, el segundo de los hijos de Carlos V, Juan III de Borbon, Conde Montizón, que había asumido la Corona tras la abdicación y muerte de su hermano mayor, Carlos VI, cae en causa de exclusión de sus derechos, malogrando su legitimidad de ejercicio y adoptando posturas liberales, ocasionando esto por ejemplo, el reconocimiento de la rama usurpadora, por parte de Don Juan. Esto hace que su "madrastra", la Reina Viuda María Teresa de Braganza, lanze un manifiesto a los carlistas, el 25 de Septiembre de 1864, declarando la ilegitimidad de Don Juan, y proclamando Rey a su hijo, el Príncipe Don Carlos. Un sector amplio del Carlismo, apoyó el manifiesto de la Infanta María Teresa, reconociendo como Rey legítimo a Carlos de Borbón y Austria-Este, primer hijo varón de Don Juan, como Carlos VII. Otro sector del Carlismo, encabezado por Ramón Cabrera, al igual que el Conde de Chambord, siguen reconociendo como rey a Don Juan, hasta que abdica en el Príncipe Don Carlos el 3 de Octubre de 1868.
Otro ejemplo de esto, bien conocido por los carlistas, es el caso del Príncipe Carlos Hugo de Borbón, quien en teoría debería haber sucedido a su padre el Rey Don Javier, pero al final las cirscunstancias no se dieron favorables, para que la sucesión transcurriera de manera usual.
A partir de los 60, se iniciaron una serie de sucesos, que llevarían a sostener por parte de Príncipe Carlos Hugo, posturas alejadas del ideario tradicional del carlismo. El Príncipe Carlos Hugo, sostiene que el carlismo, debe adoptar para los tiempos venideros, tesis y posiciones como por ejemplo son: el utópico "socialismo autogestionario", el laicismo y la libertad religiosa, el reconocimiento y colaboración con los usurpadores de la Corona, entre otras. Este hecho enfrenta a la Familia Real, de una parte están la Reina Doña Magdalena, el Infante Don Sixto Enrique y la Infanta Doña Francisca, que defienden la Tradición, y por otra Carlos Hugo y sus hermanas, María Teresa, María Cecilia y María de las Nieves, optan por transigir con la Revolución. Don Javier, convaleciente ya a estas alturas, es manejado de una manera mezquina por Carlos Hugo, obligándole este por ejemplo, a firmar documentos que suponían la destrucción del carlismo. En esta situación, Doña Magdalena y Don Sixto actúan como verdaderos próceres de la Comunión Tradicionalista. En 1976, Don Sixto lanza el Manifiesto de Irache, y a partir de este momento, se pone al frente de la Comunión.
Aquí ya es evidente la pérdida de legitimidad de ejercicio de Carlos Hugo, y su exclusión del orden sucesorio.
Otro parecer que debe quedar patente, es que, si un príncipe pierde su legitimidad de ejercicio, conserva de todas maneras su legitimidad de origen, excepto que se dé el siguiente caso: el príncipe que usurpe una dignidad o título que por derecho, no le corresponde, cae en la pérdida de la legitimidad de origen temporalmente. Esta pérdida de la legitimidad de origen, incurre en la exclusión de dicho príncipe y de sus descendientes del orden sucesorio. Su legitimidad de origen, solo puede recuperarse, sí reconoce solemne y verdaderamente al Rey legítimo. Así por ejemplo, los descendientes de la Infanta María Luisa Isabel (llamada por algunos Isabel II de España), han perdido tanto su legitimidad de origen como la de ejercicio, por causa de una usurpación continuada y reiterativa.
Visto esto, quedan obvias las siguientes afirmaciones;
- La legitimidad de origen es suprapersonal y dinástica, es decir, la legitimidad de origen no solo condiciona al príncipe, sino que también condiciona a sus descendientes.
- La legitimidad de ejercicio es propia y única del príncipe, no afecta en principio a sus descendientes.
Resuelta esta cuestión, debemos dejar claro para la posteridad, que la legitimidad de origen condiciona mucho más si cabe, que la legitimidad de ejercicio, ya que un príncipe que no tenga la de origen, obre como obre, nunca podrá autoafirmar su legitimidad, excepto si la rama legítima se ha extinguido por completo, o si dicha rama ha desistido definitivamente de sus derechos. La legitimidad de origen no es simplemente la genealogía de un príncipe, sino la reivindicación por títulos o dignidades reales, de sus derechos al trono.
Como diría Fernando Polo y Peyrolon: "La legitimidad de origen envuelve la presunción de la de ejercicio. Quien tiene títulos para ejercer el Poder gobernará bien, y mal quien carece de ellos".
jueves, 3 de julio de 2014
De la Casa de Borbón, jefatura, ramas y otras entretelas.
La Casa de Borbón a lo largo de su historia, ha sufrido varios y constantes cambios y veleidades.
La Casa de Borbón tiene su origen en Hugo Capeto, Duque de París, fundador del linaje capeto y elegido Rey de Francia en extrañas circunstancias, porque según los historiadores, no se sabe como y donde fue coronado este primer capeto, aunque esto ahora no nos interesa para el tema que tratamos.
La Casa de Borbón es solo una de las muchas ramas que pertenecen a la Dinastía Capeta. El fundador de esta rama fue Roberto de Clermont, cuyo hijo Luis I de Borbón, fue el primer Duque de Borbón.
De Luis I pasamos a unos de sus vástagos, Enrique I, Duque de Borbón, que fue el primer Rey de Francia perteneciente a la Casa de Borbón, coronado como Enrique IV de Francia y III de Navarra.
A Enrique IV lo sucedió en el trono francés su hijo, Luis XIII y a este Luis XIV. En estos dos últimos reyes se originan los numerosos Borbones de nuestros días, con sus correspondientes ramas.
En España, el primer rey Borbón fue Felipe V, nieto de Luis XIV. Este sucedió en la Corona de las Españas por testamento de su tío Carlos II, último rey Habsburgo de las Españas. De Felipe V y su descendencia se originan las tres ramas españolas de la Casa de Borbón: Borbón, Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma.
En Francia, el último varón descendiente de Luis XIV, Enrique de Borbón, conocido como Conde de Chambord (Enrique V de Francia), murió en 1883 sin descendencia alguna. En este príncipe se termina la rama mayor de los Borbones en Francia. Por otro lado están los Orleans, rama menor, descendientes de el segundo hijo de Luis XIII de Francia, Felipe de Borbón, Duque de Orleans.
Después de haber resumido muy brevemente el origen y posterior desarrollo de la Casa de Borbón, vamos a analizar la situación actual de la Casa de Borbón, desde una perspectiva histórica.
A la muerte de Enrique de Borbón, Conde de Chambord, se agota la rama francesa de los Borbones, que es la rama mayor y en cuyos Reyes ha estado la Jefatura de la Casa de Borbón. Con la muerte de este, se presenta un dilema que traerá un desconcierto enorme a esta Real Casa. Por una parte, los Orleans, creen que les pertenece a ellos tanto la Jefatura de la Casa de Borbón, como los derechos dinásticos al trono de Francia. Pero esta no es la única rama descendiente de Luis XIV, que pretende la Jefatura de la Casa de Borbón.
Por otra parte se encuentran los Borbones españoles, que apelan a sus derechos a la Jefatura de la Casa, por ser los descendientes mas próximos a Luis XIV, ya que los Orleans descienden de Luis XIII. Aquí esta el meollo de la cuestión, ¿ Borbones españoles, o Orleans franceses, quienes son los primogénitos de la Casa de Borbón? Es bien sabido que Felipe V, renunció por sí y sus descendientes al trono de Francia, aunque algunos expertos en el tema dicen que un príncipe solo puede renunciar por sí mismo y no por sus descendientes. A esta renuncia se acogen los Orleans, atribuyéndose con todo derecho, los honores que le corresponden al primogénito de la Casa de Borbón.
A lo largo del tiempo, la postura que hasta la actualidad mantienen los Orleans, es claramente equivocada.
Cuando muere el Conde de Chambord, en España no marchan las cosas demasiado bien,
Muere Fernando VII sin descendencia masculina aunque si con dos hijas. Según el Auto Acordado de 1713, si un rey muere y no tiene descendencia varonil, le corresponde suceder en el trono a su hermano varón mas cercano, respecto a la antigüedad.
En este caso, el hermano de Fernando VII es el Infante Carlos Maria Isidro de Borbón (proclamado mas tarde Carlos V). Pero en la villa y corte de Madrid las cosas no se dan como al Infante le gustaran. Un grupo de liberales cercanos a Fernando VII y a su consorte María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, mediante una serie de golpes y golpecillos de Estado o mas bien, de Corte, proclaman a la hija mayor de Fernando VII, la Infanta Maria Luisa Isabel, primero como Princesa de Asturias y posteriormente a la muerte de Fernando VII, Reina de las Españas (Isabel "II") títulos que según el Auto Acordado no le corresponden. Aquí se inicia un conflicto dinástico no resuelto a dia de hoy, ya que los descendientes de Isabel "II" siguen en su terca y obstinada usurpación del trono.
Volviendo a la cuestión de la Jefatura de la Casa de Borbón, a la muerte de el Conde de Chambord, el legítimo varón primogénito de la Casa de Borbón es sin duda alguna, Juan de Borbón y Braganza, (Juan III de las Españas), hijo de Carlos V, y poco después, debido a su defección, le sucede su hijo mayor, el Príncipe de Asturias, Carlos de Borbón y Austria-Este (Carlos VII de las Españas). Fue Carlos VII quien de verdad ostentó la Jefatura de la Casa de Borbón, poseyendo derechos eventuales al trono francés, y siendo el primogénito de los Borbones. Pero por supuesto, Carlos VII, sabía que tenía una obligación con las Españas y por esto mismo nunca se consideró Rey de Francia, aunque si Jefe de la Casa Real de Francia o Casa de Borbón. Esto es lo que no aceptan los Orleans, que pueden ser los legítimos Reyes de Francia, pero ni han sido ni son a dia de hoy, los Jefes de la Casa de Borbón.
A continuación, reproducimos textualmente una carta de Carlos VII, dirigida a Luis Felipe de Orleans, Conde de París, reprochándole el uso indebido de las tres flores de lis en sus armas personales, privilegio que solo corresponde al Jefe de la Casa de Borbón:
" Querido Primo: Muchos amigos míos me habian advertido que V.A.R. usaba las armas
llanas de los Borbones. Parecióme el hecho inverosímil, pero he visto documentos
públicos que prueban su exactitud. V.A.R. ha debido equivocarse.
Francia tomó prestadas las flores de lis a los primogénitos de nuestra familia, a los
descendientes de Hugo Capeto, sucediéndose de varón en varón por orden de
primogenitura.
En virtud de esta ley, según las reglas del blasón, soy yo, primogénito de los
Borbones, Jefe de Nombre y de Armas de la raza de Hugo Capeto, de San Luis y de
Luis XIV; y por mí, mi hijo y mi hermano, tenemos el derecho de llevar en el escudo
real tres flores de lis de oro en campo azul sin brisura.
Esas flores de lis, colocadas en medio de las armas de España, son hoy el símbolo de
los derechos de nuestra familia, reservadas por mí para los Borbones, lo mismo que
para los Orleans.
En cualquier terreno que os coloquéis, no tenéis, por lo tanto derecho a llevar las
flores de lis sin brisura.
Rogando a Dios que os tenga en su santa guarda, soy vuestro afectísimo primo, "
Carlos
Venecia, 23 de Mayo de 1892.
Esta carta ha sido sacada de el libro; "Escritos Políticos de Carlos VII", de Melchor
Ferrer.
En esta carta, Carlos VII deja claro que es el primogénito de los Borbones y por tanto, Jefe de la Casa Real de Francia o de Borbón. Carlos VII tampoco se proclama Rey de Francia aunque hace explícita reserva de sus derechos.
A la muerte de Carlos VII le sucede su hijo, Jaime de Borbón (Jaime III de las Españas).
Don Jaime muere soltero y por tanto sin descendencia, por lo cual le sucede su tío, el Infante Alfonso Carlos de Borbón (auténtico Alfonso XII). Don Alfonso Carlos muere sin descendencia y con él, se extingue la rama mayor de los Borbones españoles. Alfonso Carlos antes de su muerte, nombra sucesor suyo a título de Regente a su sobrino, el príncipe Javier de Borbón-Parma y Braganza, debido a que en la rama de Borbón-Dos Sicilias, no queda ningún "príncipe" que reconozca a la Dinastía Legítima.
Javier de Borbón-Parma es proclamado Rey Javier I de las Españas en 1952, además de ser Rey de las Dos Sicilias, Jefe de la Casa de Borbón y posteriormente, Duque de Parma a la muerte de su hermanastro, Roberto II.
A partir de este momento, Javier I y su descendencia, deben llevar el apellido Borbón y no el de Borbón-Parma, porque pasan a ser la rama mayor de los Borbones, habiendo excluido a los "Borbón-Dos Sicilias" y a la rama isabelina usurpadora.
A Javier I le debería suceder su hijo mayor, el Príncipe de Asturias Carlos Hugo de Borbón, pero por una desdichada defección en sus derechos, le sucede en 1976, el segundo hijo varón de Javier I, el Infante Sixto Enrique de Borbón a título de Regente y Abanderado de la Tradición.
Actualmente el Infante Don Sixto de Borbón, es sin duda alguna el Borbón primogénito de la Dinastía, recayendo en su persona la Jefatura de la Casa de Borbón y la Regencia de los Reinos, Estados y Señorios de las Españas.
Por otra parte los Orleans, poseen derechos dinásticos a el Trono de Francia, serían los reyes legítimos de Francia, pero aún no les corresponde la Jefatura de la Casa Real de Francia o de Borbón.
Y ahora, ¿que sucede con las ramas menores de la Casa de Borbón? ¿Con los Borbón-Dos Sicilias y con los Borbón-Parma? La jefatura de estas dos ramas menores se unió en la persona de Javier I y sigue unida en la de su legítimo sucesor, Sixto Enrique de Borbón.
Aunque hoy por desgracia, vemos que hay "príncipes" que pretenden darse el derecho de ejercer la jefatura de dichas ramas menores e incluso de la rama mayor.
Por hay está un tal Luis Alfonso de "Borbón", que se pretende, Luis XX de Francia, por hay pulula un tal Felipe de "Borbón", que se pretende Felipe VI de España, por hay anda un tal Carlos de Borbón-Dos Sicilias, que se pretende Rey Legítimo de las Dos Sicilias y Duque de Calabria, por hay ronda un tal Carlos Javier de "Borbón-Parma", que se pretende Rey Carlos Javier II de España y Duque de Parma.
En definitiva apreciados lectores, no se dejen seducir por las informaciones que sobre este tema, vagan y zascandillean por diferentes medios que solo crean confusión en las mentes de las personas que les leen o les escuchan.
Por último, quiero de nuevo volverles a recomendar el libro escrito por el Lic. Fernando Polo y Peyrolón, titulado "¿Quien es el Rey?", en cuyos capítulos, IX, XI, XII, XIII y XIV, trata mas ampliamente el tema de la Casa de Borbón, sus ramas y Jefatura, el escrito de un servidor, solo ha sido una breve y sencilla pincelada para aclarar ciertos malentendidos.
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